el abominable niño de las nieves

aqui se narran las aventuras y desventuras en California de una serie de personajes ficticios a traves de los inocentes ojos de un niño de 6 años que de mayor queria ser el abominable hombre de las nieves

viernes, 27 de junio de 2008

Sonríe, estás en Alaska

Cuando Ellen Young murió en 1912 tenia 75 años. Por su parte, Butts Infant nació el 3 de octubre de 1910 para morir solo tres días más tarde, el 6 de octubre de 1910. De Ellen Young, no tengo ni idea de cuando ni donde nació. De Butts, imagino que nació y murió en el mismo lugar donde le enterraron, Seward, Alaska.

Son solo dos nombres de los que he encontrado esta noche mientras caminaba por un cementerio, entre tumbas cubiertas por hierba. La mayoría de ellas eran una simple cruz de madera, ninguna tenia nada parecido a una lápida y algunas, ni siquiera el nombre. Las había que,incluso, las encontrabas porque la tierra se había hundido donde en su día se hallaba el ataúd, como una cuenca vacía donde antes había un ojo, o una baraja a la que le faltan unas cartas.


Mi intención no era acabar andando, casi a las doce de la noche, sólo, por un cementerio en Alaska. De hecho, cuando salí a caminar, mi intención era solamente disipar toda la cafeína que me había tomado hoy (alrededor de dos litros de café). Por eso salí sin coger nada. Por no llevar, no llevaba ni calcetines... Mientras caminaba entre los árboles pensé que no había sido muy buena idea salir a esas horas en manga corta, por aquello de los mosquitos. así que empecé a caminar por la vía de tren que transcurre por en medio de uno de los bosques que llevan a Seward. Cuando había recorrido unos cientos de metros me di cuenta de que los mosquitos podían convertirse, de hecho, en la menor de mis preocupaciones. No estaba paseando por los alrededores de mi casa en California, donde, por la noche, lo máximo que te puedes encontrar es una ardilla o, a malas, un mapache (la mayoría ya conocéis mis desventuras con un mapache),
De repente, al caminar con las manos en los bolsillos dando saltos de una traviesa a otra del tren, recordé la imagen del oso corriendo por la carretera que vimos hace un par de das. La velocidad a la que corría haría inútil cualquier intento de huida en caso de encontrarme con uno. Miré a mis lados y vi que a los lados de la vía, la maleza no dejaba ver el suelo, ademas, a ambos lados podía oír como corría el agua. Seguramente la vía estaba sobre dos corrientes de agua: mi única salida era volver por donde había venido. Intenté recordar lo que me habían explicado de como reaccionar ante el ataque de un oso. Lamenté profundamente no haber prestado mas atención a la guía que me lo explicó. Claro que era difícil recordar todo lo que había dicho, porque no había parado de hablar en las dieciséis horas que habíamos estado con ella en el círculo polar. Sí que recordaba que una de las cosas más importantes es no sorprender nunca a un oso. ¿Cómo puedes hacer eso? Muy fácil:

a)- Nunca regales rosas a un oso fuera de su cumpleaños.
b)- Si vas por el bosque, haz ruido para que te oiga y se marche.

Yo , la norma que más fácilmente podía aplicar hoy era la de hacer ruido, así que ya me tenéis, caminando sólo por una vía en un bosque de Alaska a las doce de la noche arrastrando los pies para que un hipotético oso me oyera antes de comerse mis no menos hipotéticos piececitos . Me he dado cuenta rápidamente de que mis pies no hacían bastante ruido: había que hablar. Y como iba yo sólo, me he puesto a contar. Uno, dos, tres...; en voz alta (y al principio un poco temblorosa); y así, hasta treinta y cuatro. ¿Por qué treinta y cuatro? Porque al llegar a 34 me pareció oír un ruido y paré a escuchar. Nada. Otra vez a contar: uno, dos, tres... y así hasta 34. Y al llegar a 34, un nuevo ruido y otra vez a escuchar. Vaya- he pensado- tal vez a los oso no les gustan los números. así que he empezado a recitar en voz alta las estrofas que recordaba de lo primero que me vino a la cabeza. No sé por que, pero lo primero que se me ocurrió fue la Cancion del Pirata, de Espronceda. Con diez cañones por banda.... me la tuve que aprender cuando iba al colegio. Para que luego digan que las cosas que se aprenden en la escuela no son útiles en la vida. Seguro que cuando mi maestra me hizo aprendérmela cuando yo tenia 10 anos, sabía perfectamente que un día me habría de servir para evitar que un oso se comiera mis riñoncitos al jerez.

Repitiendo estrofas, llegué a la primera curva de la vía. Esa era la meta que me había propuesto (no hay que dejar que el miedo se apodere de uno), así que decidí dar la vuelta. Aunque no había dejado que el miedo se apoderara de mi, sí que le autoricé para que guiara mis pasos de vuelta por la vía. Eso si, sin correr. Ademas de ser peligroso es indigno: si te ha de sorprender un oso, que al menos no te pille cara a Cuenca. (ese es uno de mis leit motivs y hasta ahora me ha servido).

Al volver a la carretera, seguí caminando, y así llegue hasta el cementerio del que hablaba al principio. He caminado entre las irregulares hileras de tumbas, para leer todos los nombres que había escritos, intentando encontrar pistas sobre cuándo y porqué, vinieron y se fueron, de donde venían… Era curioso, encontré una especie de patrones que se repetían, años buenos en los que nació o vino bastante gente, otros que debieron ser malos por la cantidad de veces que se repetían… apellidos extranjeros que , sin ser de la misma familia, demostraban que grupos de amigos o compatriotas habían venido alguna vez juntos… me reí al pensar que lo mismo habíamos hecho nosotros… se me borró la sonrisa al pensar que muchos, curiosamente, también se habían ido juntos, aunque fuera a aquel rincón bajo los árboles…
¿Qué trajo a esas personas aquí hace más de 150 años? ¿cómo debía ser la vida aquí en ese tiempo? ¿Qué les empujó a enfrentarse a una tierra que, aún hoy, es difícil y lejana…?



Yo, los glaciares, los subo a pelo y aparco en la puerta.


Introduccion a lo que viene siendo el tema de la entrada, que viene siendo lo que es Alaska.

Primero situemos a Alaska en un mapa. O mejor aun, en lugar de situarla (difícil, más que nada por el peso), busquémosla en un mapa. Si no sois norteamericanos, no os debe ser difícil. A un yanqui auténtico le costaría por dos cosas:
a- Están acostumbrados a que les den las cosas en las manos, no a buscarlas.
b- No saben que es un mapa. Es muy difícil invadir y saquear un país de papel.

Está arriba del todo a la izquierda en el continente americano. Pero no os dejéis engañar por esto de la extrema izquierda, es sólo un concepto geográfico. Alaska es muy grande. No, perdón, un autobús de dos pisos es grande, Alaska es la o***a de grande. En todo el estado vive la misma gente que en la ciudad de Zaragoza. A ver, me explico, no quiero decir que los de Alaska hablen con acento maño, me refiero a que son 600 y pico mil habitantes, pero en un territorio equivalente a tres veces España. Imaginaos lo que significa eso. Nunca discutes con los vecinos (porque no tienes), cuando te vas en verano al pueblo de tu madre, tardas tres semanas en llegar y luego, cuando son las fiestas de tu pueblo, tienes que bailar contigo mismo porque no hay nadien. Hay pueblos (literalmente dos casas) separados cientos de kilómetros del más cercano. Algunos de ellos ni siquiera están comunicados por carretera. Pero no adelantemos acontecimientos...

Salimos desde Sanfran hacia Anchorage, la capital, con un avión de los que montas por fascículos, pero el piloto, que controlaba más que Espinete en una tienda de peines, nos despegó y aterrizó con elegancia cosa fina. Eso sí, un par de horas más tarde de la hora prevista en un principio. Es que al avión se le caían las alas cada dos por tres y había que bajar a buscarlas. No intentéis pegar unas alas de avión con celo. No apegan. Comprobado.
Al llegar a Anchorage, cumplí con el nuevo ritual que ya os comenté en Vancouver y en Tokyo: a besar el suelo.
Mucha gente de la que me conoce , y de entre ellos, los que alguna vez se han parado a escuchar las muchas tonterías que suelo decir, sabéis que Alaska siempre ha sido uno de mis mitos. Uno de esos lugares, junto con Canadá tal vez, donde siempre he soñado con retirarme a vivir. ¿la culpa? No sé, imagino que la tiene Doctor en Alaska, los documentales de naturaleza, las pelis y los libros y la cultura popular.
Pero la primera impresión (y también la segunda y tal vez hasta la tercera...) no fue demasiado positiva.
Tu esperas aterrizar en medio de un bosque increíble, entre témpanos de hielo y salmones que saltan entre tus piernas, y claro, eso pues va a ser que no es así. De noche, y lloviendo, Anchorage no pasa por ser más que la típica mediocre ciudad norteamericana de enésima fila. El sitio donde teníamos que pasar la noche era espectacularmente... cutre. Al menos para todos, excepto para mi, evidentemente (por lo visto mis años en la calle me han hecho bastante tolerante con los sitios para dormir). Había charcos debajo de la moqueta, la puerta tenía agujeros, igual que las paredes y el techo (al menos en techo alguien había intentado taparlos con papeles de los mocos, es decir, con kleenex (léase clínes). Las cajas de los enchufes en la pared eran un agujero por donde veías los cables. ¿para qué robará alguien las cajas de la luz de un motel?
Nuestro plan de ataque era básicamente este:
-Visitar Denali (el parque nacional que ocupa el corazón de estado).
-Llegar al Círculo Polar Ártico.
-Hacer dos cruceros por los fiordos y glaciares (¿por qué dos? pos muy fácil, por si en el primero se nos escapa algún detalle).



Unos arboles bonitos



Más árboles bonitos


Joder con los árboles de los cojones


Con la de pinos que hay, no se porque Luigi quiere plantar otro


Para hacer cualquiera de estas cosas había que recorrer muchos, muchos kilómetros en coche, debido a las enormes distancias en un sitio tan ... pues eso, enorme. Una jornada típica son unas cinco o seis horas conduciendo. ¿Lo bueno de estar tantas horas en el coche? El coche era un Pontiac deportivo de alquiler, y la verdad es que me he divertido mucho con él.

Deportivo y abominable



Si de pequeño llego a decir que algún día iba a conducir un Pontiac de seis cilindros por Alaska mis padres habían confirmado sus sospechas de que esnifaba pegamento .
El abominable, haciendo amigos



Pero lo mejor es que con nosotros en el coche venían Blanca y Víctor, y han demostrado ser tan cafres como nosotros, 8por cierto, retiro los comentarios que he hecho hasta ahora sobre las costumbres olorosas de Víctor, eran totalmente infundados mis fundados comentarios). A ratos también vino "my name are Carlos", el delincuente antes conocido como el Charly, que se dedicó a llenarme el coche de casquillos de bala. Si me llega a haber parado la policía, a ver cómo se lo explicaba yo.. Nos hemos reído como cuando Jóse venía. Traidor, tenías un asiento libre para tí. Si no fuera porque Blanca y Víctor son menores y porque sus padres tienen un cuchillo muuuu grande, os contaría las burradas que han llegado a decir. Pilindrines, me vais a hacer mucha falta de aquí a unos días...Jamás olvidaré vuestra sonrisa y el brillo de vuestros ojillos cuando os veía por el espejo, mientras Pilar me miraba preguntando cómo era yo capaz de soltar esas incorrecciones tan incorrectas...



Perros,gatos, peces, cabras, ratas, sapos y culebras


El hecho de que al principio el viaje fuera un poco decepcionante para todos aumentaba aún más el valor de las risas en el coche.


Por la calima, yo creo que el río esta por allí




Denali es un parque situado por el centro del Estado. Está situado a los pies del monte McKinley, la montaña más alta de la parte continental de los Estados Unidos. Los que sigáis y leáis religiosamente este blog (es decir, vosotros dos) sabréis que la primera está en Hawaii. El parque no es visitable con vehículo privado a no ser que se cuente con un permiso especial, porque la carretera, que no está asfaltada, puede ser bastante peligrosa.









Va bordeando montañas, la lluvia es abundante, y animales salvajes te pueden aparecer en el camino. Si quieres verlo, tienes que contratar una especie de tour. Para que veáis si es grande el parque, el autobús, que casi no hace paradas, tarda unas 11 o 12 horas en hacer el recorrido.




El viaje es interesante por varias razones (también llamadas motivos). El primero es que el autobús era para nosotros siete sólos. El segundo primer motivo es el evidente del paisaje. El autobús va todo el rato por laderas de montañas que permiten observar la tundra, los torrentes, la nieve...



Sube que te llevo




Uno tiene la imagen de una Alaska con espesos bosques de árboles enormes y vegetación exuberante. No es la realidad. Y te sientes decepcionado. Pero luego empiezas a pensar en las condiciones de vida de aquel ecosistema: frío que puede alcanzar los sesenta bajo cero, ventiscas, una noche de seis meses, lluvia constante que arrastra la escasa materia orgánica que tiene el suelo granítico o volcánico, furiosos torrentes de deshielo... desde luego, no son las características más amables de una zona tropical. Y esa es tal vez, la principal lección que te enseña Alaska: no es una tierra amable, ni sencilla, y muchas veces tampoco es lo que llamaríamos bonita. Es Alaska.





Precausión, amigo conductor, que la senda es peligrooooosa!




Otra de las cosas interesantes del parque es la posibilidad de observar la vida salvaje. Y tuvimos bastante suerte. Además de a Carlos, vimos gaviotas (tiene güevos encontrar gaviotas en el centro de Alaska), liebres de la nieve, ovejas blancas polares, águilas, alces, renos, y lo mejor de todo, lobos (bueno, un lobo, pero era muy grande), un lince polar, osos polares y osos pardos. Como ya veis, lo que más nos gustó fue encontrar los grandes depredadores. Y de todos, los más espectaculares fueron los osos pardos. De hecho vimos a un par teniendo sus más y sus menos por el territorio. El autobús tuvo que parar porque empezaron a perseguirse por la carretera. No os podéis imaginar a la velocidad que pueden correr esos bichos. Cuando pasaron a un metro y medio de nosotros deseé no encontrarme ninguno de cara nunca... mi legendario atractivo no serviría mucho con ellos.







Que me acuerde de comprar el pan






¡Ese culito! ¡Que no pase hambre!




Aún así, el depredador más temible de Alaska no es el oso. De hecho , uno de los osos polares que vi estaba comiendo hierba. Me lo imaginé entrando al macdonals, mirando la carta y pidiendo una ensalada de un euro. Igual es que como se acerca el verano ya estaba con la operación bikini, y quería estar a punto. El animal más peligroso de Alaska es el más pequeño: el mosquito de Alaska. Su nombre científico es el puto mosquito cabrón de Alaska. ¿Creíais que los mosquitos solo están en las zonas cálidas? pos no señor. Por lo visto con el deshielo, eclosionan sus huevos y vienen a tocarte los tuyos. Pueden atravesar la ropa y he visto algunos ejemplares de más de tres centímetros. Después de reventarlos, alcanzan los cuatro de diámetro. Si vais a Alaska en época de calor, tomad precauciones. Y no me refiero al preservativo (que también, aunque sea con osos, el sexo seguro es lo primero), pero llevad ropa de manga larga (bueno, si es para las piernas, no llevéis manga larga, que haríais el ridículo, mejor de camal largo). No digáis que no os avisé. En nuestro grupo se documentaron casos de picaduras en varios cuellos, varias piernas, varios brazos, manos, pies, cabezas, espaldas y en, al menos, un culo. La persona en cuestión, de quien no revelaré su identidad para que no se sepa que es Pilar, aún no ha aclarado las condiciones en que se dio tan luctuoso incidente.




Antes


Después



En cierto momento que íbamos con nuestro coche y paramos en la cuneta para hacer fotos, de repente los mosquitos, que habían estado escondidos y emboscados a la sazón, nos atacaron y tuvimos que huir. Bueno, todos menos yo, porque estos se metieron en el coche, cerraron y me dejaron fuera. Los muy mamones de Pilar, Luis, Blanca y Víctor. Sólo espero que nunca les ataque un rebaño de osos hambrientos y violadores y que sólo tengan como refugio mi coche... Hasta aquí puedo leer...


Aqui teneis el link, los muy cabritos polares querían vender el vídeo de mi muerte a Impacto TV pa sacarse pelas pa' vicios (que son muchos)

Fijaos en el detalle: justo despues de estar haciendo trompos, el primer coche que aparece es de la policia, el poste que se ve al fondo tiene un radar y una cámara...
La colgada del vídeo es gentileza de Blanca, aunque, en un año, tampoco es tanto trabajo colaborando con el blog. Bueno,acabo de ver que tiene mas videos, Echadles un vistazo que seguro que aprendeis algo.


Nuestra visita al círculo polar fue , en cierto modo, parecida. No puedes utilizar tu propio coche para llegar, esta vez quien te lo prohíbe es la empresa de alquiler. La carretera tampoco está pavimentada (es de gravilla) y en caso de que te pase algo, es muy difícil recibir ayuda. El viaje en autobús son dieciséis horas. En nuestro caso, lo peor no fueron las dieciséis horas del minibús, ni el pastón que habíamos pagado, ni siquiera la calidad (por inexistente) de la comida que tuvimos (en unos seiscientos kms de camino, sólo hay un lugar para comer, y os aseguro que la comida que hay allí no es precisamente fresca).



La abominable familia.Busca las seris diferencias.



Lo peor fue el tostón de guía que tuvimos. La tipa no calló la boca en las putas dieciséis horas de viaje.


Esta guia es un sinparar de reír


Hubo momentos en que deseé que chocáramos contra alguno de los camiones cisterna con los que nos cruzábamos para ver si así paraba. No es por hacer mal, simplemente por ver si callaba, repito. Nos contaba todas las veces en que se había encontrado cara a cara con un oso a solas en el bosque. Y entonces yo deseé que el oso le hubiera arrancado la cabeza. Pero sólo un poco, no por hacer daño, simplemente para ver si callaba, repito.


La carretera hacia el círculo polar no se hizo, como podréis imaginar, por amor al arte. Se hizo por amor al art...ico. Ostia, que chiste más malo. Además no es cierto, se hizo para llegar a los pozos de petróleo que hay junto al océano ártico. El petróleo es la principal fuente de ingresos de Alaska, y la mayoría de empleos allí están relacionados de una manera o de otra con el oro negro. Cada año, las empresas petrolíferas reparten una parte de sus beneficios entre todos los residentes de Alaska (aunque sean recién nacidos). De una manera tan inteligente como efectiva, con unos míseros millones de dólares (míseros por la cantidad total que sacan de allí), consiguen que todos las alaskeños o alaskuences o como demonios se llamen, defiendan a capa y espada las explotaciones petrolíferas y sean partidarios de empezar a perforar en la parte virgen, santuario natural y que está protegida por leyes. Ya os lo digo yo, tiempo al tiempo. Palabrita de niño Jesús, o, en este caso, palabrita de abominable niño de las nieves.



Junto a la carretera transcurre la mayor obra de ingeniería llevada a cabo en Alaska, la Pipeline. Una tubería, u oleoducto para los más pedantes, que lleva el crudo (también conocido como petroleo, pero aqui se le llama crudo porque aún no lo han cocinado con su cebollita y su ajito doradito). La dichosa tubería mide tropecientos kms de largo, cruzando en estado de norte a sur, y fue construida hace unos treinta años por más de 70.000 personas. Da nombre incluso a cervezas y estoy seguro que más de un alaskuence tiene sueños eróticos con ella.. o con él (porque, aunque estuve literalmente por debajo, no le acerté a distinguir el sexo).



Papa, es cierto que los blancos la tienen mas larga?



Así, viajando de la manita de la tubería, fuimos recorriendo interminables kilómetros. Esto de interminables es una figura literaria, que no os engañen. Todos los kilómetros se acaban a los mil metros. Maravillas del sistema métrico decimal. Durante estos literariamente figuradamente interminables cientos de kilómetros veíamos tundra y más tundra, permafrost y mas permafrost. La palabra tundra hace referencia a ese bosque de árboles (abedules y abetos Aspen) y pequeños arbustos que es lo único que puede sobrevivir en el suelo helado. Y ese es el significado de la otra palabra, el permafrost. Permafrost viene del acople (con perdón) de dos palabras permanent y frost. De permanent ya os podeis imaginar el significado, y de frost también , si pensáis en las neveras No Frost (escarcha, helada), pero al revés. El permafrost es una capa de la corteza terrestre en los polos que está permanentemente congelada. Yo pensaba que era una forma de hablar (sí, aunque no lo creáis yo ya había oído hablar del permafrost, poruqe yo además también me leo los artículos de fondo del interviú), pero es que realmente es tierra y piedras que están heladas. Llega a varios metros de profundidad. Yo llegué a tocar el permafrost y es una sensación extrañísima. Me quedé literalmente con la boca abierta. Ves tierra, y al acercarte notas un extraño brillo, la tocas y es... hielo. La sensación que tuve fue la misma que cuando me tumbé en el cráter del volcán en Hawaii. La Tierra es, definitivamente, algo inconmensurable, y su poder y complejidad deja atrás cualquier otra fuerza y poder. La gente que ha tenido la necesidad de buscar la existencia de un dios es porque no se ha parado a pensar encima de dónde tiene los pies. Dame permafrost y volcanes y quítame profetas...

El permafrost bloquea la lluvia, que cuando llega a ella no puede continuar filtrándose, no deja penetrar las raíces de los árboles (otro motivo para que sean pequeños), tampoco favorece la formación de materia orgánica... otra muestra de la dureza de Alaska. Es curioso que en un lugar con tanta lluvia el agua sea tan cara y que haya tan pocos lugares con alcantarillado. ¿sabéis por qué? Porque no puede haber tuberías o alcantarillas subterráneas por el permafrost. Se congelan. De ahí que, incluso en ciudades más-o-menos grandes no tengan ni siquiera suministro de agua corriente. Casa de millones de dólares que no tienen agua potable ni desagües. Dependen de camiones cisterna y depósitos... Es majo el permafrost este. Puede parecer un poco frío, pero es majo... en el fondo... je je, que ingenioso me ha quedao el comentario. Siempre tan fresco... mira otra vez!

El círculo polar en sí no es gran cosa. A ver, no es feo. Pero empezando porque no le ves forma de círculo ( y yo reconozco un círculo en cuanto lo veo, que yo he estudiado en los mejores colegios de los peores barrios) y acabando en que de polar tiene más bien poco. En esta época al menos, no hay demasiada nieve por alli. O igual es que la quitan para hacer la línea en el mapa.



Segura de que no te arranco la cabeza?


La última parte del viaje la dedicamos a conocer el motivo por el que la mayor parte de la gente viaja a Alaska. Muy poca gente hace lo que nosotros hicimos de viajar por el corazón de bosques, montañas, rios, cascadas, baches y carreteras sin gasolinera. Los turistas suelen ir en cruceros por los glaciares y fiordos, pero eso les priva de conocer la esencia de lo que es en realidad Alaska. Tal vez ven cosas más espectaculares más rápidamente, pero, dejando de lado a mi Pontiac, lo rápido no lo es todo. La organización del viaje, como es habitual, no es mérito mio, para esas cosas hablad con Pilar & Pilar, que son quienes se ocupan de la logística viajera. Yo me dedico a amenizar, canto en el coche y hago el payaso con cierta frecuencia.


Señor glaciar



Los glaciares son básicamente ríos de hielo, aunque yo los definiría más correctamente (geólogos tocapelotas) como montañas móviles de hielo congelao. Imaginaos un estrecho valle entre dos montañas. Para eso necesito que primero dejéis de imaginar a gente desnuda. Para ayudaros y hacer la transición mental más sencilla, podéis, si queréis, imaginaros un estrecho valle entre montañas desnudas. ¿Mejor ahora? Ahora imaginaos que el espacio entre esas dos montañas está completamente lleno de hielo, una montaña de cientos de metros de altura de hielo. Pues esa cosa tan impresionante es un glaciar, y no es que me lo hayan contado, no señor, es que eso lo he visto yo con mis ojos. Y no es que haya visto uno, no señor, que he visto un puñao. Sin coñas (como diría Pepe, el español borracho y facha que conocimos en Fairbanks, Alaska), encontrarte con un glaciar de frente es bastante impresionante (si , ya sé que últimamente utilizo mucho esta palabra, pero es que si cruzo miles de kilómetros es para ver cosas impresionantes). Cuando íbamos hacia una de las ciudades perdidas donde teníamos que coger uno de los barcos, paramos a ver uno de los glaciares. Claro, que cuando digo que paramos no nos limitamos a parar. Los tres irresponsables del grupo (léase Luis, Víctor y el abominable niño) nos fuimos hacia el glaciar todo chulos. ¿Que no llevábamos equipo adecuado? No veo para qué, si lo lleváramos no seríamos lo irresponsables que somos. Empezamos caminando por la morrena del glaciar. La fuerza de la montaña de hielo es abrumadora, hace añicos la piedra más dura y arrastra rocas de cientos de kilos como si nada. Llegó un momento que tuve que empezar a caminar por la nieve y el hielo. Digamos que elegí mal mi ruta. Llevaba puestas unas sandalias, y como os podéis suponer, no es el calzado mas adecuado para caminar por la nieve. En una de aquellas que doy un paso, me hundo hasta las rodillas en la nieve. Es uno de los peligros más grandes de ir por un glaciar, nunca sabes qué puede haber debajo. Lo que desde arriba puede parecer terreno firme puede esconder una sima... y este peligro se acentúa durante la época de deshielo porque el hielo empieza a ser inestable e impredecible. Cuando empecé a resbalar hacia abajo, me intenté agarrar a un bloque de piedra que había cerca de mi. Para mi sorpresa, mis dedos resbalaron de la misma manera que estaban haciendo mis pies un poco más abajo. No era piedra, era hielo negro, como el que os decía del permafrost.



Señor hielo negro




Miré a mi alrededor y vi que en realidad estaba sobre una losa de hielo enorme, que lo único que podía ofrecerme era una caída por la ladera y unos cuantos huesos rotos. Ya que la nieve estaba tan blanca,mejor no mancharla con mi sangre, no fuera que me llamaran la atención. Así que decidí usar una estrategia mucho menos digna pero mucho mas biológicamente útil: me senté sobre el hielo para buscar otra forma de salir. Y fue entonces cuando me dí cuenta que un glaciar está vivo. Se mueve y habla. Empiezas a oír como debajo de ti, que pensabas que era firme, pasa un río. El agua que escuchas bajar con bastante fuerza es en parte el agua del deshielo que se va filtrando por las gritas hasta encontrar el lecho de piedra o una capa de hielo, pero es también al agua que produce la propia magnitud del glaciar. Las capas inferiores de hielo están sometidas a tal presión vertical (por la capa que hay arriba) y horizontal (el hielo que empieza a empujar desde el Icefield, o campo de hielo, el lugar donde nacen y se forman los glaciares) que se derrite justo donde une el hielo con la roca del valle, formando una capa de agua que facilita que el propio glaciar se deslice más velozmente sobre ella. Pensad en una montaña moviéndose, y luego poneos vosotros encima. No os preocupéis, que no va tan rápido como para despeinaros. Pero ese movimiento continuo de trillones de toneladas de hielo reduce el duro granito a polvo, y hace que el hielo se resquebraje, gima e incluso respire. La presíon que os decía es tan grande que el hielo inferior se compacta de tal manera que ni el oxígeno tiene espacio, y sale hacia las superficie. Encontré una grieta en el hielo que formaba una especie de pequeña cueva. Por supuesto, me metí dentro.



Fresquita es la casa, si senor



Las había más grandes, pero no me convenían, es muy peligroso porque pueden colapsar en cualquier momento y de ahi no te saca ni dios. Imagino que si nos hubiera pasado algo, la ayuda tardaría horas en llegar...





Para que veais el tamano del glaciar: ese barco, que es grande, esta a 600 metros del glaciar y fijaos, aun asi, la diferencia.


Los barcos que cogimos por el Ártico (que dicho sea de paso, parecía una balsa de aceite) nos llevaron a ver glaciares que acababan en el mar.



Cuidado no piseis mi lentilla


De vez en cuando, como una prueba de su movimiento, pedazos de la enorme pared de hielo se desgajaban y caían al mar. Son las típicas imágenes que ves en la pantalla del televisor.


Frio como el hielo





Como las capas de nieve se han ido compactando con el paso de los años y siglos, formando capas ultra densas, la forma de viajar por ellas de los rayos de luz del sol le da un color azul intenso al hielo. Nunca imaginé que el hielo tuviera un color tan extraño.
Los trozos del glaciar que van cayendo van formando una capa de cascotes azules entre los que navega el barco. El choque con estos pequeños icebergs contra el casco va haciendo un ruido, CLONK, CLONK, CLONK.. que inevitablemente te hace pensar en como acabó el Titanic.


Esta nevera hace escarcha




Entre esos pedazos de hielo, además del barco, también se ven animales, como focas, algunas aves y demás. Aguas tan frías son ricas en alimento, como el plancton, el krill, que atraen a peces y mamíferos gordos de agua. Vimos a varias ballenas cerca. Incluso pudimos ver a una madre enseñando a nadar a su ballenato... un espectáculo digno de recordar y de grabar en vídeo y hacer fotos, a no ser que:
-a) Tu cámara de fotos no tenga vídeo.
-b) Tu cámara de fotos no tenga batería.
¿sabéis en que persona coincidieron los dos casos...?¿alguna idea?


Y hablando de personas, (que bien traído), llegamos a la última parte de la entrada. La que habla de la parte, tal vez más extraña y difícil de explicar del viaje. No, no voy a hablar de porqué produzco esa irremediable atracción hacía mi en toda la gente que conozco. Es la que habla de la gente y de la vida en Alaska.
¿Recordáis que líneas arriba hablaba de cómo el permafrost condicionaba incluso la forma de los árboles que crecen aquí..? Del mismo modo, el clima aquí condiciona y construye un perfil humano extraño, el habitante de Alaska. No es una tierra sencilla para vivir. El frío no es el principal motivo, aunque lo creáis. Evidentemente, ayuda. Daos cuenta lo desperdigada que está la población en Alaska. Tal vez tus vecinos viven a más de cien kms de ti. Imaginaos las largas épocas donde la nieve y el hielo te dejan aislado... Pero tampoco es el hielo el responsable de que el sueldo mínimo sea el doble que en el resto de los Estados Unidos.
Todos habéis oído hablar de cómo el viento afecta al comportamiento de las personas, de como el poniente trastorna las mentes... en Alaska el viento se llama día y se llama noche. Nosotros tuvimos la suerte de ir a Alaska cuando era de día. No me refiero a las horas en que llegamos. Llegamos como a las 11 de la noche, pero era de día. Dos horas más tarde, a la 1 de la noche, también era de día. Y a las 3...
Había oído hablar del sol de medianoche, pero del mismo modo que he oído hablar del monstruo del lago Ness. Ahora, que me he dado cuenta de los efectos, en sólo un par de días, que causa el hecho de que nunca se haga de noche... tu mente, o al menos la mía, empieza a intentar adaptarse a ese día que nunca acaba, entra en un ritmo frenético, y nunca le puede decir a tu cuerpo que ya es hora de dormir... sencillamente porque tus ojos están enviándole otra información bien diferente a tu cerebro.
Es una sensación parecida a la que comenté el día de vuelta de Japón. Para mi cerebro había amanecido tres veces el mismo día, y el sistema operativo que tengo instalado de serie las pasó putas para hacerse un esquema mental de qué estaba sucediendo. Esto no es lo peor con diferencia. ¿Qué puede haber peor que 6 meses de día contínuo? La respuesta es evidente: seis meses de noche contínua. Imaginad que se debe sentir cuando tu cerebro está continuamente lanzando mensajes de que está a punto de amanecer, que tus órganos deben empezar a funcionar, pero ese amanecer nunca llega.
Te quejas cuando pasa un fin de semana en casa sin poder salir porque hace frío o llueve. ¿Qué le pasa a tu cerebro cuando estás meses sin ver la luz?



Foto tomada a las doce de la noche, palmo más o menos




Cuando salíamos por la noche, aunque fuera con gafas de sol, nos dedicábamos a observar a las personas. Si muchas veces os he hablado de lo peculiares que son los americanos, en Alaska es todavía mucho más llamativo. Incluso en lo físico, son extraños. Pero es que el bagaje genético de los supervivientes en Alaska debe ser bastante curioso y digno de un estudio serio. Si algún día tengo tiempo y ganas, lo haré. Lo cierto es que se notaba cierta efervescencia en el aire. Los cuerpos despiertan de su largo letargo invernal y quieren marcha, al igual que los osos se preparan para el frio, ellos y ellas se preparaban para... bueno, sólo diré que ellas iban vestidas como... bueno, casi que tampoco lo diré.


Me miras a mi?



En Valdez, un pueblo costero donde pasamos una noche, conocimos a un personaje curioso. Regenta uno de los pocos bares del pueblo, lleva alli unos cuarenta años y es, como no podía ser de otra forma, español.
Pepe, que así se llama el individuo en cuestión, hace alardes del dinero que tiene, de las pistolas que tiene - y que lleva encima- de lo que se gasta en mujeres -llevándolas a cenar a Paris, según él- y sobre todo de su esencia franquista y fascista. Mientras nos daba de cenar, bueno, lo de dar es un decir, porque lo cobró bien cobrado, se quejaba de lo liberal que se estaba volviendo España con el presidente que tenemos ahora. Me hace gracia, que se queje de como estamos ahora en España un tipo que se fue hace cuarenta años. ¿Por qué se fue, si tanto le ofrecía España y el Caudillo Cerillo? Habla de que alli, en Alaska, la gente se droga y emborracha de contínuo para aguantar, mientras él se rellenaba la copa continuamente. Pepe se queja de que España se está llenando de inmigración... y eso lo dice un español casado con una americana que vive en Alaska y que contrata a rusas en su bar... Ver para creer.


Volviendo a los peculiares árboles de la tundra, me olvidé de comentaros unos pequeños detalles. Son finos, crecen despacio, se van secando mientras crecen y arriba del todo, en una fina copa, están encerradas las semillas entre una especie de cera. ¿Sabéis por qué? El bosque de la tundra está preparado para destruírse cíclicamente. Los pequeños troncos que se han ido secando conforme crecían arden como cerillas, rápidamente, derritiendo la cera que pasa a formar una celda protectora para las semillas. Así, dpués del incendio, esas semillas tendrán un sitio donde crecer y materia orgánica disponible. En el ártico, las plantas parece que ni siquiera pueden permitirse competir entre ellas... Esos incendios son necesarios para el ecosistema. De hecho, cuando hay incendios en el bosque, en Alsake, nunca los apagan. En cierto modo, la muerte como precursora de la vida no deja de tener su lado poético.
Ese clima condiciona el mismo modoa las personas que viven alli. La gente viene y se va (no todos aguantan), y es de notar la cifra de suicidios durante los meses de oscuridad, como si Alaska reclamara su precio, el mismo precio que reclama a las plantas y animales que viven alli desde hace miles de años, el mismo precio que le pidió a aquellas personas que yo encontré en el cementerio en Seward.


Este viaje es como algunas películas, algunos discos o algunos platos de cocina. Si intentas dar una opinión demasiado pronto, seguramente te equivocarás. Al principio, todos -yo el primero- nos sentimos decepcionados. Pero como siempre, el principal motoivo de decepción, es la propia idea que uno tenía antes. Tal vez Alaska no sea la tierra más hermosa del mundo, o la más espectacular. La última frontera, como la llaman los americanos y frase que ellos lucen orgullosos en las matrículas de sus coches, no es una tierra que se muestre a la primera. Este es uno de esos viajes que debes reposar, y buscar en los detalles, que son los que te darán realmente la respuesta a lo que has visto. Alaska, llena de oro y petróleo, no da nada. Una de las tierras más inhóspitas del mundo, pero también de las más frágiles. La vida, siempre, se abre camino.



Las alegrías del incendio