el abominable niño de las nieves

aqui se narran las aventuras y desventuras en California de una serie de personajes ficticios a traves de los inocentes ojos de un niño de 6 años que de mayor queria ser el abominable hombre de las nieves

miércoles, 11 de junio de 2008

Fin de la primera parte

Subios los pantalones,que si viene el fin del mundo, es mejor que os pille en postura digna. Como un dinosaurio. ¿Alguien sabe de algún dinosaurio del que hayan encontrado sus restos fósiles con los pantalones bajados? No, ¿verdad?. Si tiene que pasar un cataclismo- que casos se han dado, como el diluvio universal (fue en realidad una demostración de que dios está a favor de los transvases) o la vuelta de la monarquía a España- tenéis que intentar sucumbir de pie, con la frente alta y el cinturón pasado. Podría ser que una generación futura o una civilización extraterrestre llegara a la tierra, y tuviera que reconstruir nuestra cultura a partir de un único especimen fósil: tú con los pantalones bajados. ¿Que interpretación haría de nuestra forma de vida? Yo, como mínimo, si tuviera que ponerme en la mente de un ser del espacio exterior (mi celebro es como los Ipods, cuanto más tiempo pasa, más pequeño es), pensaría que la especie humana era indigna, arrastrada y que tenía siempre los pantalones bajados. Bien mirado, así pronto imaginaría la existencia del PP...

Así que, por favor, levantémonos todos y arresubamonos los pantalones en previsión del fin de la especie humana. Si alguien está de rodillas, que recuerde las palabras de Emiliano Zapata y se ponga de pie. Si entonces alguien recuerda las palabras de la becaria Mónica, que sponga de nuevo de rodillas y abra la boca... pero que tenga claro como pasará a la historia de la humanidad.

¿Y a que santo viene esta preocupación por el fin de la humanidad? ¿a qué santo, decís? Pues ni más ni menos que San Seacabó. Sí, efectivamente, se acabó lo que se daba. Hoy ha acabado oficialmente el curso escolar. Hoy se ha cerrao la paraeta. Hoy se ha colgao el cartel de "no hay entradas".


Mis niños, esos que me lo han dado todo cada día durante el último año, ya no están. Se han ido. En un momento que ya no era capaz de pronunciar ni una palabra para darles las gracias a la familias mejicanas que llenaban mi clase, y las malditas lágrimas han aprovechao el descuido provocado por el inmenso nudo que bloqueaba mi garganta, para saltar. Los padres y las madres han empezado a llorar, y una de las niñas, para que veais cual es su entrega y cariño, ha preguntado:
-Mister Casado, ¿le podemos dar un abrazo?
Y de repente, cuando yo aún no era capaz de decir una palabra, los quince niños y niñas han venido corriendo para abrazarme. Pero no era el abrazo que suelen dar los niños a un adulto, forzado, artificial. En ese momento, todos nos hemos abrazado. Uno de ellos me ha dicho, con una sonrisa que nunca podré olvidar, que yo no llorara. Una niña de ocho años me pedía que no llorara.... Yo he oído esa expresión de "fundirse en una abrazo" muchas veces, pero en mi vida sólo la he experimentado dos veces. La primera cuando mi padre salió del quirófano después de la operación de corazón y movió los dedos de los pies. La segunda hoy . Los niños no me abrazaban solo a mi. Todos nos abrazábamos a la vez. Estábamos felices de estar juntos. Todos. Ninguno decía nada. Sonriendo y cerrando los ojos, porque sabían que era la última vez que íbamos a estar juntos. El nudo de la garganta se hacía cada vez más grande y me dolía, pero no tanto como el dolor de saber que no los iba a volver a ver más. Y en ese momento, que yo los apretaba con todas mis fuerzas, pensé en cómo, esos niños, que muchos no tenían nada, me lo han dado todo, una entrega absoluta y desinteresada... y aún me dolió más. Nunca les podré devolver lo que han hecho por mi y lo peor es que ni siquiera les puedo explicar con palabras lo agradecido que estoy. Cada vez que una madre, un padre, ha venido a mi llorando, dándome las gracias por lo que había hecho por ellos, yo sólo acertaba a decirles que yo no había hecho nada, simplemente he visto lo que ellos tienen dentro; y entonces el agujero se me hacía más y más grande. Cada vez que un padre de un niño de otra clase, a los que ni siquiera tengo, ha venido a darme un abrazo y decirme "gracias"; cada vez que un niño al que han expulsado de la escuela, venía a abrazarme; cada vez que un niño de los míos me ha dicho durante las últimas semanas que se iba a meter dentro de mis maletas, algo se movía en mi interior, y me hacía daño. El otro día, cuando falté un día y les dije que me habían picado muchos mosquitos y había tenido una reacción, ellos se enfadaron literalmente porque me hubieran picado, y hubo una niña que me dijo que a la siguiente vez me pusiera Bacon por la cara para protegerme. Cuando me lo dijo, ni siquiera pude reírme. Me estaba diciendo que no toleraría que me volviera a pasar. Nunca habia tenido unos alumnos que realmente su meta fuera protegerme, y también sabían que yo no permitiría que les pasara nada.

Hace una semana, coincidiendo con el momento en que los niños entraban al cole, atracaron con armas la gasolinera que hay al lado, y tuvimos que salir para meter literalmente corriendo a los niños a la cafetería, porque previsiblemente los atracadores huirían por enmedio del patio, una niña empezó a llorar cuando se enteró que yo estaba en la puerta y estaba expuesto... cuando, aún sin levantar la alarma los trajimos de vuelta a la clase, la niña lloraba, un compañero le dijo: "no te preocupes, Mr. Casado está aqui, no puede pasar nada...". La niña dejo de llorar. A mi, la sóla idea de niños que han vistos tiroteos delante de su casa y que , por el hecho de estar con su maestro, ya no tengan miedo en una situación así, es algo que me sobrepasaba.
¿podré compensar cada vez que un niño se ha acercado a mi en los últimos cinco meses para decirme que ojalá se mejore mi familia?


Hoy las familias me han dado un sobre con dinero. Como agradecimiento. Igual que otras veces me han traído comida de su casa o unos bombones incomibles de licor de los veinteduros. Muchos son ilegales y algunos de sus niños vienen incluso con ropa rota.. y han recogido dinero para dármelo a mí, que seguramente gano mucho más que muchos de ellos juntos... ¿y además me dan las gracias por la "diferencia" que hago en las vidas de sus hijos? ¿cómo poder expresarle a personas así lo que uno siente? ¿cómo hacerles ver que la diferencia la hacen ellos en mi?

En una situación normal, comentarios como los que me hacían algunas de la familias, habrían sido dirigidos automáticamente a mi depósito general de ego, que por lo demás es bastante grande. Pero hoy, cuando los oía y les miraba a los ojos, y veía la sinceridad tan grande de sus palabras, me sentía cada vez más y más pequeño